Futurismo Ruso: De la tradición a la acción

“El coraje, la audacia, la rebelión, serán elementos esenciales de nuestra poesía”

Marinetti: El manifiesto futurista

El arte ruso posterior a  la revolución en 1917 estaría bajo límites y reglas establecidas, las cuales debían hacerse válidas para poder hacer arte. En 1917 Kandinsky colabora con el gobierno ruso en reformar los programas y organización de las escuelas de arte y, en consecuencia, en 1920 se funda el Instituto para la Cultura Artística, acción, que estaría siendo cuestionada por  una tendencia, definida como productivismo,  orientada a diferenciarse de lo existente y común, liderada por Vladimir Tatlin y Alexander Rodchenko.

A partir de ello, desarrollarían lo denominado Constructivismo ruso, desacreditando y tachando de anticuada la obra de Kandinsky y Malévich.

Es así como grandes pintores comienzan a evolucionar desde las típicas obras de paisajes hasta una abstracción geométrica pura y simbolista, surgiendo a partir de 1910 las primeras pinturas cubistas, con la aparición de vanguardias históricas. Estos movimientos plantean y argumentan en sus respectivos manifiestos, una serie de consideraciones sobre el concepto, la forma y la función del arte en esa nueva época. La primera de ellas, con una decisiva influencia en la estética, creatividad y originalidad  en los conceptos de la gráfica y las publicaciones en la Rusia de la Revolución, sería el Futurismo que, desde Italia, inicia Marinetti en 1909, con una tendencia radical, que generó diferentes interpretaciones conceptuales en los sucesivos movimientos, reivindicando el protagonismo en modificar lo establecido y la cultura, declarando:  “Queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias de todo tipo, combatir contra el moralismo, el feminismo, y contra todas las vilezas oportunistas o utilitarias” (Marinetti, 1909, primera plana). Dando pauta al surgimiento del Dadaísmo, como corriente radicalizada del anterior.

Considerado como el padre del futurismo, el  poeta italiano Filippo Tommaso Marinetti, quien estaría  haciendo  presente la publicación de su famoso  escrito el 20 de febrero de 1909, llevando por nombre “Manifiesto del futurismo” en el periódico de Le Figaro, en París, capital de las vanguardias artísticas de aquella época, en el cual se declara que el arte tradicional, había quedado atrás y su capacidad de reinventarse se veía casi imposible, de ahí la importancia de la creación de una nueva concepción de belleza, dando pauta al futurismo como parte del vanguardismo, sin embargo; no sería hasta el siguiente año que el nuevo y prometedor estilo artístico tuviera su existencia oficializada, con la participación de un grupo de artistas, entre ellos Bruno Munari,  que firmarían en Milán, el manifiesto de los pintores futuristas y el manifiesto técnico,  aunque el eje principal tenía que ver con la literatura, tuvo también una importante repercusión en la pintura.

La actividad propagandística de futurismo estaría cobrando  mayor impacto del que se estaría esperando, se trataba de un movimiento ávido por romper con la tradición, el pasado y lo estandarizado como rasgos principales del arte y la poesía, apostando en su lugar por la exaltación de lo sensual, atrevido e irreverente.

Este movimiento artístico ofrecía algo actual, feroz y agresivo, tal y cómo lo proclamaron en el manifiesto de los futuristas rusos de 1918: “Exigimos: La separación del arte y del estado. La abolición del patronazgo, de los privilegios y del control en el terreno del arte. Basta de diplomas, títulos, encargos y grados oficiales.”, cerrando  con ¡Viva la tercera revolución! ¡La revolución del espíritu!.

En 1910 surge el primer grupo futurista ruso con los hermanos Burliuk, funcionando y predominando en el ámbito de la literatura,  con Velemir Chlebnikov y con Maiakovski, el más activo y entregado de los poetas de la vanguardia rusa. Pero, sería entre los años 1913 y 1915 cuando se realizaran  las primeras obras significativas que se podían  ordenar en la tendencia futurista, una vez que se reintegraron  a su patria artistas que se habían desplazado a la Europa occidental. Y en 1915 tendrían lugar las dos grandes exposiciones del futurismo ruso, motivando a algunos autores para entrar de lleno en la pintura futurista como,  Liubov Popova (1889-1924), pintora que siguió de cerca el movimiento en París e Italia y la gran pintora Olga Rosanova.

Sin embargo,  este movimiento estaría cometiendo un enorme error, no brindar una dimensión humanista del arte,  dejando atrás el papel del humano inmerso en un sistema generado por la mecanización, confundiendo ser moderno e innovador, con el poder de luchar contra los convencionalistas académicos y proveer la quema de museos y bibliotecas.

Referencias

Alonso, R. & Mercado, E. (2001). “Arte y diseño editorial: de la Revolución tipográfica al libro del futuro”. En Actas del Encuentro Nacional de Investigación en Arte y Diseño ENLAD. Buenos Aires: Facultad de Bellas Artes/Universidad de La Plata.

Calinescu, M. (1991). Cinco caras de la modernidad. Modernismo, vanguardia, decadencia, kitsch, posmodernismo. Madrid: Tecnos.

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