Herramientas y estrategias para fomentar el gusto por la lectura en el municipio de Huejotzingo.
Steve
hace 3 años
Tiempo de lectura: 8 minutos
Karen Linares
Alvarado
4,080 ppm.
En su momento Blandón (2020), ha señalado que el hábito
lector es “una fuente de conocimiento y transformación del ser interior y de la
realidad circundante”. A partir de la anterior afirmación, con la cual
concuerdo enteramente; parte la propuesta de hallar herramientas y estrategias
para atraer el interés de la comunidad Huexotzinca hacia la lectura.
Movida por el interés de compartir con mis vecinos de
comunidad el gusto y los beneficios que la lectura trae a la vida de un ser
humano, inicié con la búsqueda de material que me llevará a responder la
pregunta ¿cómo fomentar el gusto por la lectura?; no obstante, la mayoría del
material que en primera instancia hallé, va enfocado en compartir estrategias
para desarrollar la comprensión lectora, en aquellos que ya son lectores.
Mientras leía dichos artículos, recordé que hace un par de
años asistí a un encuentro de Gestión Cultural, en la Universidad Autónoma de
Yucatán, en dicho espacio, mencionan que a lo largo del país se realizan
diversas ferias del libro, las cuales, como tal, nos son malas, pero no
despiertan el interés por los libros; que son actividades, nuevamente,
encaminadas a aquellos que ya son lectores.
A propósito de este punto, González (2000) viene a reafirmar
que “las actividades aisladas (día del libro, maratón de cuentos, elaboración
de un libro gigante, etc.) están muy bien como evento sociocultural participativo,
pero difícilmente desarrollan hábitos lectores”; una postura bastante
interesante, y aunque me gustaría argumentar lo contrario, realmente considero
que es cierta.
Lancé una pregunta a través de mi cuenta de Facebook, en la
cual pedí a mis amigos me indicaran: ¿cómo inició su gusto por la lectura? Me
parecía importante tener claro, cuáles han sido los vínculos que llevan a una
persona a ver en el libro un aliado de vida, reconozco que una red social puede
carecer de validez en cuanto a los testimonios, más por el tiempo del que
disponía y el alcance que este llega a tener, lo vi como un mecanismo viable.
Las respuestas que me compartieron fueron diversas; me
percaté que, en la gran mayoría de ellos, su gusto había iniciado desde la
infancia, viendo a sus padres o algún familiar leyendo (desde casa).
Algunos otros señalaron que en la escuela habían tenido
compañeros que en la hora del receso se ponían a leer, lo cual generó en ellos
curiosidad, pidiendo a dicho compañero el libro prestado.
En cuanto aquellos que señalaron la adolescencia como inicio
por su gusto a la lectura, afirman que, tras una serie de tareas obligatorias
de entregar reportes de lectura, posteriormente, iniciaron a elegir libros que
fueran de su interés.
La última de las razones, fue que alguien muy cercano a
ellos, les había regalado un libro que llegó en el momento exacto en el que lo
necesitaban.
Nadie mencionó alguna actividad de las llamadas “aisladas”
por González (2000). Cabe mencionar que tanto la familia como la escuela son
dos núcleos importantes en el fomento a la lectura; y que, de las respuestas
brindadas, al menos sólo una de ellas, lleva planeación (los reportes de
lectura).
Teniendo esto en cuenta, continué revisando artículos, lo
que me llevó a realizar la siguiente conjetura:
No hay una fórmula a seguir para fomentar la lectura; no
obstante, reconozco que hay una serie
de parámetros que son importantes tener en cuenta al momento
de plantear una propuesta encaminada a fomentar el gusto por esta:
Una de las mejores etapas para fomentar el hábito lector (y
cualquier otro hábito), es la infancia; ya que justo en los primeros años de vida
los seres humanos consolidamos prácticas, formas de ser, creencias; recreamos
acciones que vemos en nuestro entorno, gran parte, por la acción de nuestras
neuronas espejo. Montessori (1986) señala que el “niño posee una sensibilidad
absorbente hacia cualquier cosa que exista en su ambiente, y solo puede
adaptarse mediante la observación y la absorción del ambiente”.
Al ser la familia el primer núcleo de socialización,
retomamos de ella nuestro universo de significados; siendo este grupo el
principal responsable de la formación de los futuros lectores.
Esta tarea, no sólo compete a familias, escuelas y maestros;
es una labor, en la que todos aquellos que hemos sido transformados por un
libro hemos de participar. Como agentes externos, no nos compete recrear las
propuestas que las instituciones educativas plantean; en nosotros está la
posibilidad de ser disruptivos, partiendo de los contextos de cada uno de los
participantes.
“El amor por la lectura no se enseña, sino que se contagia”,
tal y como lo asegura Landero (1994). ¿De qué otra forma se puede enseñar
algo?; el ejemplo es la mejor de las escuelas. Cualquier propuesta que se
plantee, necesita de constancia y seguimiento. Una semilla con una sola gota de
agua, no puede llegar a ser flor o árbol, según sea el caso.
Fuentes
Blandón Ruiz, C. J. (2020). Importancia del fomento de la
lectura para el desarrollo de la comprensión de textos. Revista Multi-Ensayos,
6(12).
González Álvarez, C. (2000). Estrategias y procedimientos
para fomentar la lectura en la familia y en la escuela.
Montessori, M., & Bofill, M. (1986). La mente absorbente
del niño. Diana.
Landero, Luis (1994): «Experiencia pedagógica de un
escritor», CLIJ (Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil), 63, 26-34