Lectura para la vida

Por Marily Arellano Martínez

La inteligencia emocional y las competencias que la conforman tienen un papel muy importante en varios aspectos del desarrollo de las personas. Al respecto, en 2011 expertos de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) afirmaron que “los cambios ocurridos tanto en las empresas como en la economía están poniendo un creciente énfasis en los elementos de la inteligencia emocional”.

De acuerdo con el modelo de Mayer y Salovey, la inteligencia emocional implica el desarrollo de 4 capacidades: percepción, asimilación, comprensión y regulación. La percepción emocional consiste en la capacidad de percatarse de las emociones en uno mismo y en los demás, así como en los objetos, arte, cuentos, música, entre otros. La asimilación de emociones es la suficiencia de generar, utilizar y sentir emociones. Mientras que la comprensión emocional se relaciona con la capacidad de entender la información emocional y cómo las emociones se combinan, por último, la regulación emocional consiste en la capacidad para estar abierto tanto a los estados emocionales positivos como negativos, reflexionar sobre los mismos y determinar si la información que les acompaña es útil.

Lo anterior, es relevante debido a que dichas competencias pueden ser influenciadas por la lectura y los contenidos que son analizados a través de ella. Para muestra, se puede observar que cuando una persona lee cotidianamente posee niveles adecuados en sus competencias emocionales. Por ejemplo, un lector de narrativa actual posee una adecuada atención a la percepción de sus emociones, así como un lector de divulgación posee una mayor regulación emocional.

Es decir, independientemente del género que se lea, se observa una inteligencia emocional significativamente más desarrollada en el lector que en una persona que no lee de forma frecuente. Entonces, una persona que desarrolla su inteligencia y sus competencias emocionales a través de la lectura, presenta beneficios en la forma en que se relaciona con su entorno, de tal forma que se convierte en una persona con desarrollado de autoconocimiento y facilidad en la toma de decisiones. Muestra mejoras en su rendimiento laboral, protección y manejo del estrés, aumento en las relaciones interpersonales, así como, mayor capacidad de influencia y liderazgo, presenta reducción de ansiedad y facilidad para superar la depresión, aumenta la motivación y es proclive a alcanzar metas, e incluso tiene un sueño reparador.

Resulta increíble la cantidad de beneficios que puede poseer un hábito como la lectura sobre la inteligencia emocional de cada persona. A través de la lectura, es posible moldear muchas emociones ya que la familiarización con los libros permite mejorar diversos aspectos en la personalidad con la finalidad de facilitar a la persona una adecuada y sana interacción con su entorno. Lo anterior repercute en sus habilidades emocionales de manera irrefutable y relevante.

Para finalizar, es decisión de cada persona adoptar la lectura como una útil herramienta para fomentar el desarrollo de la inteligencia emocional. Es preferible adoptar el hábito de la lectura desde la infancia pues es un gran auxiliar en la regulación de emociones a través de diferentes materiales para niños, sin embargo, nunca es tarde para disfrutarla y es posible encontrar libros para todos los gustos y edades. 

En conclusión, la lectura resulta una excelente oportunidad para desarrollar la inteligencia emocional, a través de los diversos textos que pueden ser consumidos por el lector, por supuesto, es un hábito que requiere ser implantado y aprovechado al máximo a través de su optimización, respecto al tiempo y energía que requiere, teniendo como objetivo disfrutar de todos los beneficios que aporta al desarrollo de cada lector, independientemente de la edad, género o gustos literarios. 

Referencias Bibliográficas

  1. Rocío Fragoso Luzuriaga. (mayo 2015). Inteligencia emocional y competencias emocionales en educación superior, ¿un mismo concepto? Revista Iberoamericana de Educación Superior, 6, 6.
  2. Caballero García, Presentación A.; García-Lago Ibáñez, Virginia (2010). La lectura como factor determinante del desarrollo de la competencia emocional: Un estudio hecho con población universitaria. Revista de Investigación Educativa, 28 (2), 345-359.
  3. Riquelme, E, y Montero, I. (Febrero, 2011) Efectos a corto plazo de un programa de lectura mediada de literatura infantil para el desarrollo de competencias emocionales.1er Encuentro Ibérico Del Internacional Society for Cultural and Activity Research (ISCAR), Madrid, España.
  4. Bamberger, R. (1975). La promoción de la lectura. España: Ediciones de Promoción Cultural.

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