Comúnmente el ser humano está en constante movimiento, desde que se despierta hasta que se acuesta; para algunos es una rutina: ir al trabajo y del trabajo a la casa. El cerebro lo que hace es registrar la acción, es decir, entre más practique la actividad más hábil se vuelve. Pero, ¿qué sucede cuando cambiamos nuestra rutina?

Cuando nos hayamos en una rutina y hacemos modificaciones, es ahí cuando el cerebro da un choque. Al principio nos bloqueamos, no sabemos qué hacer y mucho menos sabemos concentrarnos. El confort que se habitúa es no pensar más allá de lo que estamos acostumbrados; como cuando nos dicen que resolvamos una operación o cuando nos piden que leamos al revés. Por ejemplo: lee esta oración y descifra que quiere decir: dientes los entre pez un con saldrá y mar afortunado al Arroja. – árabe Proverbio.- ¿Descifraste la frase?

El cerebro es un órgano magnífico; entre más lo ejercitamos más concentración obtendremos. Te preguntarás ¿cómo es posible? Al paso de los años se ha investigado que el cerebro tiene dos hemisferios: izquierdo es el analítico y el derecho es el proceso visual, entonces, cuando se unen los dos, se puede obtener mayor resultado en lo que realizamos. El ejemplo esta en la lectura; al leer, tu cerebro lo que hace es procesar la información (hemisferio izquierdo) y al mismo tiempo imaginar (hemisferio derecho) lo que se lee para llegar a una buena conclusión, y por supuesto, mayor concentración. Recuerda que la lectura es una película mental, y que somos capaces de ponerle colores a los paisajes.

Uno de los principales factores para tener buena concentración es tener la mente en blanco, es decir, no tener bloqueos; la preocupación de algún examen, algún pago pendiente e inclusive, tener hambre; si no se canaliza de manera adecuada estos problemas internos, todo el tiempo pensarás en lo que no has resuelto.

El cerebro y el cuerpo deben estar relajados; inhalar y exhalar es un primer paso para llegar a una buena concentración, así lo menciona Tarthang Tulku, maestro budista: cuando aprendamos a aflojar el cuerpo, la respiración y la mente, el cuerpo se torna más saludable, la mente es más clara y nuestra conciencia se equilibra.

Efectivamente, el cerebro tiene que empezar a aflojarse y renovarse, y por supuesto, estar dispuesto a emprender nuevas tareas. Recuerda, “el arco siempre tenso no tardará en romperse; pero si esta suelto servirá a tus necesidades. Del mismo modo, deja que se alivie tu mente para que vuelva a su tarea con fuerza renovadora. Pedro, fabulista del siglo I.