No sabía que leyendo se sintiera bien, hasta que un día toque la puerta de la imaginación. Cada día reforzaba mi felicidad al abrir un libro.

Me enseñaron que leer no es aburrido, me enseñaron que al leer podría viajar a grandes mundos sin tener la necesidad de comprar un boleto, me enseñaron lo maravilloso que es perderse a través de las páginas. Ahora sé que en sus páginas encuentro el paladar, el placer y el refugio para mis ojos.

Tocar el libro me hizo sentir la sutileza de sus hojas, me hizo reflexionar sobre el aprendizaje a través de sus letras. De esta manera descubrí que la lectura era importante, que cada libro representa una historia, un lenguaje y una época, entonces así pude enamorarme de la literatura, devorar libros hasta palpar las páginas disfrutando de sus letras exquisitas.

La lectura no solo me dio historias, sino también me ayudó a agilizar mi mente, aumentar mi léxico, a poder interactuar con las personas, pensar de una mejor manera, tener decisión propia y sobre todo, caminar sin miedo.

Ahora sé que la puerta de la imaginación es entrar a un nuevo mundo, a una nueva experiencia; tal vez de angustia o suspenso; la lectura es así, puede causar emoción, tristeza e inclusive  coraje por su contexto, pero se aprende y se disfruta.

Al final de cuentas de eso se trata la vida, de tener experiencias inolvidables, sueños, logros, alegrías, tristezas. El libro abierto es así, comparte la poesía de su interior y yo como lector activo, comparto mi experiencia a través de su texto escrito.